sábado, 27 de junio de 2020

DON ENANO.






 
  Cada domingo después de los almuerzos en la casa de la abuela le pedíamos que nos llevara a ver los enanitos del jardín del vecino.   Su dueño nos saludaba quitándose el sombrero tirolés de fieltro verde con pluma, de moda por esos años al vernos detrás de la reja y mi abuela devolvía el saludo con un -otra vez por acá don Enano,  con una sonrisa de complicidad.     Siempre creímos que él    era el papá de los enanitos del jardín y con mis hermanos imaginábamos la casa con camas pequeñas y que cuando llegaba la noche don Enano los entraba a la hora de dormir.  Un domingo nos contó la abuela que se había ido del barrio y nunca más lo volvimos a ver.   Muchos años después, quizás más de cuarenta,  hurgando en una librería de viejos me encontré con una foto del vecino entre las páginas de un libro:  “A mi querida Martita, con el amor de su NANO”.

 
 Premiado Concurso Nacional Cuento Corto "Vida en la Ciudad" Corporación Cultural, Municipalidad de Vitacura.   26 de Junio 2020

jueves, 19 de marzo de 2020

DESPERTAR.

     


            Las delgadas líneas horizontales se hacen más nítidas y brillantes a medida que abre los ojos y comienza a despertar. Afina la mirada e intenta reconocer el espacio, pero la oscuridad la rodea y no sabe dónde está.    Asustada, cierra los ojos, espera unos instantes y los vuelve a abrir.    Con cautela dirige la mirada hacia las líneas luminosas,  que ahora están más intensas y amenazantes y parecen resplandecer.    Esconde la cabeza bajo las sábanas y comienza a llorar.    Pero repentinamente una palabra asalta su mente: se aferra a ella y la repite una y otra vez: postigo, postigo, postigo,  hasta que repentinamente cobra sentido y comprende todo su oculto significado: ¡pero si estoy en la casa de mis abuelos! ríe ya completamente despierta al tiempo que percibe los ruidos conocidos del jardín, el trajín de la casa a la hora del desayuno, el sonido de las cucharitas de té, el golpe ligero de las tazas contra los platillos y huele el aroma del café que prepara el abuelo todas las mañanas.    Se sienta en la cama feliz,  sabe que pronto entrará la abuela y abrirá los postigos y entonces desaparecerán las malvadas líneas de luz de la ventana y se convertirán en una gran mancha de sol sobre su cama.    Le traerán el desayuno y sacará muchos terrones de azúcar del azucarero, luego la levantarán y jugará en el jardín con su amiguita de la casa del frente,  deshojarán los pétalos de los cardenales y se los pondrán sobre las uñas, patinarán en la terraza recién encerada y comerán todos los chocolates que le compró el abuelo. 

      -¡Miren que amaneció flojita hoy día mi niña. ¡Son más de las diez y recién se está despertando! Tomemos el desayuno bien rápido para levantarla.  El día está precioso doña Blanquita y su amiga nueva, la abuelita que llegó ayer la está esperando hace rato en el jardín. 

Marzo 2015

Ximena

lunes, 20 de enero de 2020

BUTTERFLY




Los lilas y anaranjados del atardecer se cuelan a través de las cortinas de rosa empolvado, fundiéndose con los agudos y dulces de  la  ópera.   Entre almohadones ella se va adormeciendo, mientras unas  manos delicadas cepillan sus cabellos y el bel dí, vedremo levarsi un fil di fumo, sul  estremo confin del mare  se va alejando y se confunde con las imágenes del sueño.   Pero ahora el crepúsculo se ha teñido de rojo, del mismo color de los cojines de su cama y no puede respirar.   Ya no siente las delicadas manos sobre sus cabellos: las busca a tientas y las encuentra.  Rígidas, aplastantes, opresoras.   Hasta que las suyas caen lentamente sobre las sábanas  como mariposas de alas rotas 

jueves, 9 de enero de 2020

MANOS


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        Te quitas el delantal de cocinero y te acercas  con la fuente de la carne  y nuestras miradas coinciden casi por casualidad.  Ríes con las anécdotas de los invitados pero tu mirada está distraída en otro lado del jardín. Observo tus manos cuando nos sentamos a la mesa. Tus manos de siempre, morenas y fuertes, con las venas a flor de piel, ésas que reconocería entre millones, a pesar del paso del tiempo. Tan únicas, tan cercanas, como si nunca hubiera dejado de tenerlas. Ahora menos firmes que entonces -lentas e intensas- expertas en anestesiar las horas y hacer estallar relámpagos a su paso.    Las mismas que dejaron de ser mías sin explicación alguna y también sin ninguna pregunta dejé de buscarlas. Esas que ahora te cubren un bostezo y que cada vez me parecen más lejanas. Como si sólo existieran separadas de ti, como si todo lo demás fuera de utilería y no quedara en ellas registro alguno de nosotros: salvo por esta casual coincidencia y el sonido metálico de un leve encuentro en la fuente de la carne. 

 XIMENA G.
ximegui